
Daría, al balcón de princesa,
bugles en cabellera negra
florecida en alba espesa,
suspiros , perfumes de primavera.
Amplificaría, la voz de las lágrimas,
contando novelas macabras
discordancias en brillos y pestañas,
amores, traiciones y carcajadas.
Rodearían mis brazos al mundo.
Concibiéndolo en macho mío,
Avivando más y más a mi rocío,
para ser dueña siempre, sin hastíos.
Acrecentaría los valles en vid,
dosificando en continentes botellas,
alegrando así las tristezas
que día a día los golpean.
Orearía toda confesión que esclaviza,
trasformándola en pura brisa
desmembrando enlaces de cadenas
sin sangrados de claustros que golpean.
Poco de amor que resta…
Volvería a ser nuevamente golondrina.
Pequeña, rápida movediza,
extraordinaria negra cobriza.
Incansable en busca del calor, que anida.
Por Mónica Lorente Benítez.
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